11 dic. 2008

Un relato corto cargado de nostalgia


A
hora y pretendo hacerlo con relativa frecuencia, añadiré relatos cortos o algún que otro verso, para hacer un Kit Kat entre imagen e imagen, y asi producir mas puestos de trabajos en centros oftalmológicos y de psiquiatría, este relato se llama con el titulo reza:



Aquella melodía.


Ya nunca más sonará aquella melodía ,aún puedo recordarlo como si lo oyera ahora mismo, aquel sonido tintineando, un amago de sonrisa, un fatal intento de alegría que no pasaba de la mueca, recuerdo como si fuera ahora cuando la conocí, ay...Leticia, fue ella quien supo darme el calor necesario para borrar el frío de mi vientre, de mi corazón, pero con ella también sonó por primera vez el maldito sonido, la amé ,juro que la amé pero también la maldije por la pesada carga que me puso en mis andares, cada vez que ella estaba conmigo sonaba aquel sonido como banda sonora de nuestros momentos ,de nuestros íntimos momentos, era alegría, oir aquel sonido mezclado con su dulce voz era la felicidad echa canción, día tras día, noche tras noche, solos ella y yo, el mundo podía esperar, pero nada es eterno, todo tiene un final, y el de Leticia llegó excesivamente pronto, un día cuando la observaba desde nuestro balcón la vi morir, ella iba por pan, salía de nuestro portal ,llegó a la acera, cruzó la calle...o al menos lo intentó, no pudo, un furgón me la robó, la convirtió en cristal para mi memoria, cristal cortante y peligroso, y sonó en aquel instante aquel sonido, el sonido que ella puso en mi vida, fue ella quien puso aquella melodía en mi vida, sonaba si, sonaba pero ya no tan hermosa como cuando ella la hacía vibrar, como cuando ella con sus manos tersas acariciaba mi pelo y me dan sus tiernos besos, ahora...aquella melodía sonaba a funeral.


Antes de notar su ausencia huí de nuestro paraíso terrenal, huí de nuestro hogar corrompido por el silencio. No derramé ninguna lagrima, no podía, de haber podido hubiese inundado las calles por mi dolor .Mientras huía por los callejones del olvido aquella melodía se tornaba más y más intensa, más perturbadora, más asesina conmigo mismo, intenté hacerla callar, no pude fue inútil, se desató una pelea entre yo y el aire, y nunca hubo vencedor.


Pasaba el tiempo y en cada paso, en cada suspiro te recordaba y si así no lo hacía , se encargaba tu música, tu tintineo de recordármelo, de hacerme ver que estabas conmigo que aun seguías en mi vida, paseando a mi lado, mirándome de reojo con cuidado.


Pasaron los años ,en una apacible noche de Febrero me encontraba sentado en la calle, en el bordillo de la carretera viendo pasar los coches tras una intensa tarde de lluvia, los vehículos dejaban tras de sí una estela roja, como rojo era lo que ahora nos unía Leticia, a mis pies había un charco, oscuro, infinitamente oscuro, y profundo, como lo fué tu mirada ,solo en él se podía ver mi rostro demacrado por los años, que habían dejado la huella del silencio como cuchillos en mis pupilas. Me miré durante un largo tiempo en aquel charco, esperando respuestas, ¿por qué todo tuvo que ser así? ¿por qué te fuiste de mi lado? ¿ por qué me dejaste con el dolor de tu melodía, tu tintineo? Cada vez que la oía me producía dolor y añoranza, pero ese dolor era mi recuerdo más preciado ,ese cariño, esa música, era lo único que me quedaba de ti, toda su esencia reposaba en aquella melodía que siempre iba conmigo a todos lados, en todas las direcciones, indicándome el camino a seguir.


Cuando más absorto me encontraba en mis pensamientos, un coche pasó justo a mi lado rozándome la nariz, dejándome totalmente empapado , goteando, ahogado de cuerpo y corazón, mire mi reflejo en aquel charco admirando las gotas que se deslizaban por mi bigote, me sacudí quitando toda la humedad que sobre mi cuerpo hubiese, y en aquellos breves instantes de espasmos y movimientos compulsivos fue la última vez que oí tu melodía, tu melancólica melodía.


Cuando por fin me digne a mirar a aquel charco que tenia a mis ojos absorbidos en su negrura , necesita volver a mirarlo, recuestionarle mis incógnitas, cuando lo vi, se me heló la sangre, mis pupilas se dilataron y mi corazón se aceleró, sobre aquel mundano cúmulo de agua se encontraba el más preciado regalo de Leticia, lo único que conservaba en mi futil existencia de aquella dulce muchacha de ojos negros, sobre el charco y aún todavía formando ondas estaba el collar que me regalaste, aquel collar con su cascabel, con este me regalaste aquella melodía que hasta ahora me había acompañado, cuando lo pude mirar con mas detalle...estaba roto, posiblemente se rompió con mis sanrandeos , era tan viejo aquel collar...y nunca más sonaría tu melodía, me había condenado a olvidarte, a la soledad, a no oir más aquella melodía...


Aquella noche grité tu nombre al destino, aquella noche murió de dolor un gato.

Jairo A.

2 comentarios:

sarita ortiz dijo...

en hora buena por tu trabajo, sigue sumado ilusiones expresadas asi, no pares, sabes que lo haces bien, deja a la tinta correr y dibujar tu imaginación siempre. como las goteras que perforan piedras, se consisentes.

Jairo Antonio dijo...

gracias Sara por tus palabras, son solidas y con sentido, espero que te siga gustando todo lo que iré colgando mas adelante, saludos